lunes, 27 de agosto de 2007

Desolación

De noche todo se hacia más difícil, la oscuridad siempre les dio miedo. Ultimamente no entendían nada, el reloj ya no andaba y, realmente, la hora ya no importaba. -El tiempo lo inventó el capitalismo- vociferaba el hombre, al cual la vejez se aferraba como una lapa, desde la ventana y los vecinos lo miraban sin entender. Ese mismo tiempo los llevó a aislarse, ya casi no salían, de hecho, ya casi no comían. Poco a poco se fueron transformando en parte de los muebles. La mujer nunca se levantaba de la mecedora, y a veces, había que mirarla dos veces para descubrirla dentro de la silla. El niño siempre estaba triste y le colgaban los mocos y las lágrimas, siempre tosiendo, siempre con alergia. La delgadez le carcomía sus huesos pequeños y deformes, su alma dolida y morbosa. El hambre era ya casi un juego, el que aguantaba más tiempo sin que el estómago rugiera en una clamor inhumano en búsqueda de alimento, ganaba; el agua sucia que consumían, mojaba el suelo desde la llave del patio de luz que en algún momento fue fuente de vida y ahora era foco de infecciones. Cadáveres de ratas, de palomas y de niños. Desolación y tristeza. Sin embrago, el patio de luz brindaba luz, un haz opaco y húmedo, pero luz al fin y al cabo, una luz que no contrastaba con todo lo oscuro que allí habitaba.

edades

-¿Cómo van a ser nuestros nietos?
-A mi me preocupa más si seremos buenos abuelos.
-Yo pienso que eso no es tan importante.
-¿Cómo no?
-Al final uno es como es, no puede ser de otra forma, y nosotros en treinta años seremos los mismos, con nuevas mutilaciones y arrugas, pero los mismos.
-¿Y cómo somos ahora?
-Eso si que no tiene importancia.
-¿Cómo no va a tener importancia?
-Simple, somos los mismos que seremos en treinta años más.

miércoles, 22 de agosto de 2007

dolor

El aire frío inundaba el vagón, por primera vez en mucho tiempo probablemente, era de esas pocas horas al día en que el tren no estaba atestado de personas. Le dolían los dientes, talvez por el mismo frío que la recorría, habría preferido mil veces no tenerlos, chocar contra el suelo del tren y quitárselos de una buena vez. Pero no lo hizo, nunca hacia lo que pensaba.

domingo, 19 de agosto de 2007

del dolor

En la calle los niños siempre se reían cuando pasaba. Le gritaban cosas. Tiraban de su pelo largo, ese que tanto le gustaba a la abuela. Durante muchas noches planificó su venganza. Tendría que dañar a muchos para sentirse mejor. Se lanzó en la Estación los Héroes, a la hora del regreso a casa.

lunes, 6 de agosto de 2007

algo

las horas pasan, pero esta vida se queda quieta, mirándome, como riéndose de todas mis malditas certezas, como burlándose de mi alegría basada en nada, como agrietada por tantas heridas que me he hecho sin saber herir a nadie.
las horas pasan, pero es como si el tiempo estubiese ajeno a mi, como si yo me quedara quieta mientras el mundo avanza, evoluciona, crece y se destruye a mi al rededor, y yo los miro con cara de idiota, sin saber que hacer para ser como ellos, para ser alguien al fin. Y me doy rabia, porque no camino, porque no me muevo. Por que soy cómplice de mi propio fin, de la sangre que expulsan mis laceraciones, victima de mi propia maldad, heredera de mi estúpida condición de muchacha inocente, con rumbo perdido y caminata a tropiezos.
yo siempre quise llegar a ser alguien, no tuve mayores aspiraciones, pero la vida me devuelve su reflejo indigno y lastimero, su reflejo manchado con escupos, lágrimas y mocos, y me doy cuenta de que ni siquiera llegué a ser lo más mínimo, no le importé a nadie, no hice nada por nada, me morí y esta puta vida no me avisó.
y seguir respirando porque el cuerpo ya se acostumbró, y este corazón que late y no sirve de nada

viernes, 3 de agosto de 2007

jueves, 2 de agosto de 2007

siempre ha de ser riesgoso optar por el riesgo de la entrega
pero cada día es una o mil desiciones
prefiero yo decidir esto
a que esto empiece a decidir por mi